En la discusión con los hijos es la única en la que desearíamos estar equivocados

moto

“Me encuentro en la parada del autobús y mientras espero a que llegue, me llega la conversación de dos señoras a mi lado. Una está contando que le tenía prohibido al hijo usar la moto y cómo, un día, recibe una llamada del hospital para comunicarle que el hijo había sufrido un accidente. “Cuando llego al hospital me mira con cara de mamá- no-te-hice caso- no-me-regañes, y yo con tal de verlo vivo, por supuesto que no le iba a regañar”. A cualquier otra persona a la que hubieras advertido no hacer algo y lo hace en contra de tus instrucciones, la dejarías por irresponsable, excepto en la relación padre/hijo. En la discusión con los hijos es en la única en la que uno quisiera estar equivocado”.

En las discusiones con los hijos, gran parte de la frustración y la impotencia que sentimos los padres nos viene dada porque, por nuestra experiencia, creemos saber cómo acabará ese capítulo antes de que comience. Nosotros, como padres, tenemos la experiencia de los años vividos. El problema es que los hijos no lo ven desde nuestra óptica, no conocen nuestra perspectiva y por eso muchas veces nos tildan de agoreros, de primitivos.

Nuestro desafío es, en primer lugar, compartir con ellos nuestra visión de un posible resultado negativo de una acción. Muchas veces tenemos que hacerles entender que es cierto que no sabemos cómo va a terminar, pero que nuestra filosofía como padres es arriesgar lo menos posible.

No conozco a padres que acepten que sus hijos aprendan a nadar en alta mar (seguro que hay estadísticas que dicen que aprenden a flotar en seguida, porque los perritos lo hacen). Pero en la vida y a la hora de tomar decisiones es importante compartir con ellos el principio de minimizar riesgos.

No le recrimines el que no comparta tu visión. Intenta hacérselo comprender, como le harías entender a un invidente el cuadro de colores que tienes delante, utilizando términos que le son más fáciles de captar. Y de todos modos, también está bien que compartas tu visión de padre o madre.

MI CONSEJO: aprovecha estos momentos para expresarle cuánto le quieres y por qué, con su vida y su futuro, has decidido correr los menos riesgos posibles.

Si finalmente decide no escucharte, intenta explicarle que, en la discusión con los hijos, es la única discusión en la que uno desearía estar equivocado.