
Cuando pensamos en el amor, solemos imaginar flores, bombones o gestos que interpretamos como románticos. Sin embargo, la tradición judía nos invita a mirar mucho más profundo. El verdadero significado de Tu BeAv, el 15 del mes de Av, va mucho más allá de encontrar una pareja. El Talmud nos enseña que “no hubo días más alegres para Israel que Yom Kipur y Tu BeAv”. A primera vista, esto puede sorprendernos. ¿Qué tiene de especial este día? Y ¿por qué se compara en nivel espiritual a Yom Kipur? Durante la época del Segundo Templo, las jóvenes de Jerusalén salían vestidas de blanco a danzar en los viñedos. Todas usaban vestidos prestados para que nadie sintiera vergüenza por no tener el más bonito. Era una hermosa lección de igualdad, humildad y dignidad. El mensaje era claro: el verdadero valor de una persona no se encuentra en su apariencia ni en sus posesiones, sino en su esencia. Tu BeAv también conmemora momentos en los que el pueblo judío dejó atrás divisiones y comenzó a sanar heridas. Es una fecha que nos recuerda que el amor no solo une a dos personas; también fortalece familias, comunidades y generaciones. Como mujeres judías, somos constructoras de hogar. No solo del hogar físico, sino del espacio emocional y espiritual donde florecen la confianza, la fe y la paz. Tu BeAv nos invita a preguntarnos: La tradición nos recuerda que el amor verdadero no nace únicamente de la emoción. Se construye con actos cotidianos de bondad, escucha, gratitud y respeto mutuo. En un mundo que muchas veces promueve relaciones rápidas y superficiales, Tu BeAv nos ofrece una perspectiva diferente: el amor auténtico crece cuando dos personas eligen verse con generosidad, apoyarse en los momentos difíciles y caminar juntas con un propósito compartido. Este año, más allá de celebrar el amor romántico, hagamos de Tu BeAv una oportunidad para sembrar más paz, más empatía y más conexión. Expresa gratitud a tu pareja, a tus hijos, a tus padres o a una amiga. Perdona cuando sea posible. Ora por quienes aún buscan formar un hogar. Y, sobre todo, recuerda que cada acto de amor sincero acerca un poco más la presencia divina al mundo. Porque el amor, según la tradición judía, no es solo un sentimiento. Es una decisión diaria de construir, cuidar y revelar la luz que Hashem depositó en cada uno de nosotros.