Hoy día, que estamos tan preocupados por el precio que va a pagar la generación de nuestros jóvenes por la invasión de la comunicación y la tecnología en nuestras vidas y los efectos primarios y colaterales que está teniendo este fenómeno, es muy importante que destaquemos la importancia de educar en valores y en principios.
Los colegios y a veces los mismos padres están demasiado ufanos acerca de todo lo que sus hijos aprenden en materias como nanorobótica, pero al mismo tiempo nos preguntamos: ¿quién les va a hablar a nuestros hijos de tener una vida con sentido, de la necesidad de trascendencia, de potenciar y fomentar esos valores que nos hacen recordar continuamente que somos seres humanos y no meros sistemas luchando por obtener un mejor rendimiento?
Al desarrollo tecnológico exponencial hay que sumar que “la portería está vacía”, me refiero a la portería en la vida de nuestros hijos, y no siempre disponen de los recursos necesarios a la hora de frenar la falta de valores que pretende fomentar una sociedad mayoritariamente consumista y que todo lo que ve en ellos es al consumidor en potencia. Es cierto que los adolescentes no disponen de poder adquisitivo, pero todos sabemos lo insistente que puede ser un joven reivindicando su deseo de tener algo y lo bien que saben negociar. Esta es la vía que la industria posee para acceder al bolsillo de sus padres.
Nosotros, como educadores, debemos traer estos temas a colación en los colegios, con las asociaciones de padres, fomentar tal vez la creación de debates y foros de discusión, podemos utilizar películas o series que nos pueden servir de vehículo para tratar estos temas.
Si esperamos que nuestros hijos digan NO en algunos momentos de su vida deben tener primero un por qué decir no. Y ese es el mejor “portero” en sus vidas: valores y principios. No pocos padres demuestran estar más preocupados por el rendimiento escolar que por el comportamiento en casa, en clase y con los amigos.
MI CONSEJO: en educación, lo más importante es el ejemplo. Procura poner en práctica tus valores, que ellos te vean decir NO. Por ejemplo: apaga la televisión cuando emiten algo que no es digno de vuestro hogar, ya sea por el contenido o las formas. Expresa tu desacuerdo con actos y no sólo con palabras.
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